(Vídeo completo al fondo de este artículo, para que lo leas entero, jeje...)
En el mundillo ciclista muchas veces entramos en discusiones bizantinas sobre lo que es cicloturismo y lo bien o mal que se aplica esta palabra. Lo cierto es que la expresión "marcha cicloturista" se aplica de forma muy diferente en muchos sitios. Muchos se quejan de que no pueden seguir la rueda de la gente porque este tipo de pruebas se convierten en competiciones encubiertas, otros quieren que los coches que abren la prueba no ralenticen la marcha todo el tiempo. No hay término medio. Cualquier discusión deja de tener sentido cuando se asiste a una prueba como la que hemos disfrutado este domingo, en la que todos nos hemos mezclado, viviendo a ratos el cicloturismo tranquilo, y a ratos poniendo a prueba nuestro cuerpo para conseguir una superación personal, que a todos nos motiva.
El Ascenso a la Pandera es una marcha controlada, de ambiente familiar, que viene congregando a un centenar de ciclistas por un módico precio de inscripción que incluye una buena comida final (incluso para los acompañantes). No hay muchos eventos en los que se obtenga más por menos. Por suerte se ha podido celebrar este año tras algunas dudas iniciales por las obras de la carretera A-6050, aunque la fecha se ha retrasado con respecto a ediciones anteriores. La longitud de la prueba era corta, unos 75 kms, pero la dureza de los puertos es tal que a nadie le supo a poco.
Llegué a Frailes poco después de las 8 de la mañana. Algunos coches comenzaban a llegar al mismo tiempo, y de la mayoría de ellos salían caras conocidas. Qué diferente este Ascenso con respecto a aquellos de hace 4 ó 5 años, donde apenas nos reuníamos un puñado de ciclistas de la comarca. Esta vez estábamos allí no menos de 30 ciclistas castilleros y alcalaínos, dispuestos a retar una vez más a la reina de las montañas de la comarca.
Llegaron la mayoría de ciclistas locales, muchos de ellos tras la Subida al Veleta, que se celebró el domingo anterior. Jaime y Marchu habían llegado pedaleando 12 kilómetros desde Alcalá. También vino Isidro Nieto, el famoso ciclista de La Pedriza, un personaje muy particular, con una visión de la vida y del ciclismo que hace temblar los cimientos morales de más de uno. Isidro es el compañero que todos quisiéramos tener, generoso como pocos. Ojalá tuviera más ocasiones para poder disfrutar del cicloturismo en su compañia.
Como siempre, encontré a los incombustibles "Amigos de la Bicicleta" de Los Villares, viejos amigos con los que he coincidido en muchas marchas a lo largo de varios años, liderados por Manolo "Mohino". También saludé a los ciclistas de Cástulo (Linares), con Manuel Urbita, y a otros que preguntaban por el Dessafío, la prueba de montaña de la Sierra Sur, que se ha puesto de moda últimamente.
Antes de la salida nos hicimos algunas fotos de grupo y poco después de las 9 h. estábamos tomando la salida, mientras nos avisaban por megafonía de las obras que encontraríamos en la zona de Valdepeñas. Los ciclistas de montaña, con sus ruedas de tacos, no estaban de más en esta prueba.
Nada más empezar comienza la subida, en una prueba donde no hay ni un kilómetro llano. El primero de los puertos es el de la Martina, con una altitud de 1320 metros, al principio atravesando olivares, y después internandose en tierras de pastoreo de media montaña, flanqueadas por barreras rocosas y vegetación mediterránea, con encinas y quejigos. Comenzamos la subida con tranquilidad, formando una grupeta en la cola del pelotón. Apenas llevábamos dos kilómetros de subida cuando mi colega Manolo pinchó. Me hice a un lado de la carretera y me di cuenta de que se había quedado solo, así que decidí bajar a ayudarle. Cambiamos la cámara bastante rápido, pero el pelotón ya se había perdido de vista. Nos pasó la guardia civil y la ambulancia. Sabíamos que podíamos recuperar el terreno hasta Valdepeñas, porque allí había una parada con avituallamiento, pero nos tocaría hacer unos 20 kilómetros en solitario. Manolo es un buen deportista, muy completo, aunque le falta algo de fondo porque sólo puede practicar ciclismo en verano. Apenas llevaba 300 kilómetros acumulados en la temporada, cuando yo ya he superado los 4000. En igualdad de condiciones subiría mucho mejor, pero le convenía guardar energías. Se puso a mi rueda y aguantó muy bien el ritmo hasta el puerto. A lo lejos veíamos a los últimos vehículos de la marcha, pero nos sería imposible alcanzarlos. A mitad de subida vimos a Isidro, que se había detenido a ayudar a José Ureña. No nos detuvimos porque ellos subirían mucho mejor que nosotros y estaban bien.
Desde el Puerto de la Martina todo era bajada hasta Valdepeñas. Alcanzamos la ambulancia y un par de ciclistas más antes del puerto de Locubín, y proseguimos el descenso, ahora con la impresionante mole montañosa de la Pandera dominando el horizonte. Aproveché para hacer algunas grabaciones en vídeo, y entramos en Valdepeñas justo con los últimos del pelotón. La parada fue brevísima y la prueba de verdad dio comienzo por las calles de Valdepeñas. Teníamos que ascender desde los 900 metros de altitud hasta los 1840 en apenas 15 kms.
El progreso ha llegado. El viejo trazado de la A-6050 hasta el puerto de Ranera, con sus curvas de herradura mal peraltadas, ha pasado a la historia, dejando paso a una nueva carretera de trazado rectilíneo, con menor distancia y mayor porcentaje medio, perdiendo el encanto que tenía para los ciclistas, ese juego de rodillas con el que tanto nos gusta negociar las curvas en bajada... Tendré que actualizar mi base de datos de altimetrías, con la nueva información del puerto. Es la vida.
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En el puerto de Ranera hicimos una breve parada junto a la verja. El coche que abría la prueba puso pies en polvorosa y detrás, como una exhalación, saltaron los más competitivos, sedientos de pendiente y porcentaje. Los de la tierra, fieles al estilo que habíamos impuesto desde la salida, comenzamos la subida en los puestos traseros, bromeando entre nosotros. El bueno de Jaime puso su ritmo en la primera rampa al 12%, y Eduardo se pegó a él como una lapa. Yo no iba cómodo a esa velocidad, quería bajar un puntito. En cuanto llegamos al primer collado vi que se me escapaban y los dejé ir. Continué con mi subida tranquila, sin prisa pero sin pausa, y aproveché para hacer algunas grabaciones más. Fui hablando con Antonio, de Torredonjimeno, hasta el punto en que alcanzamos pendientes superiores al 15% y mi corazón llegaba a las 192 pulsaciones. Según ciertas tablas que manejan por ahí, para mi edad es físicamente imposible subir de las 182, jeje... (podéis buscar por ahí esas tablas y adivinar mi edad). Entonces fue cuando empecé a zigzaguear por la carretera, alargando la distancia recorrida, pero haciendo más llevadera la pendiente. Se trata de un tramo de dos kilómetros infernales, en los que no es raro ver ciclistas empujando la bici a pie o parados en los arcenes. Algunos que subían recto me adelantaban coincidiendo con uno de mis zig zags, pero se paraban pocos metros más arriba. Yo seguía pensando en mis cosas cuando vislumbré encima de unas rocas la antena que está encima de la caseta de la curva... que está dos curvas antes del punto donde se alcanza la cresta... Nada, esto está casi hecho... venga, un esfuercito más y... por fin, ya estamos en ese punto donde la pendiente vuelve a ser de un solo dígito y se vuelve más llevadera para los mortales. Curva y contracurva. Es la cresta de la montaña, el punto desde donde se disfruta con una espectacular vista de toda la subida desde abajo. Ese punto donde subí hace... ¿¿6 años??... para ver cómo Roberto Heras y Valverde hundían al líder de la Vuelta Ciclista, por entonces Isidro Nozal. Etapa para Valverde y Vuelta para Heras. Justo reparto.
Desde aquí quedan dos kilómetros a meta, pero es importante llegar sin haber echado pie a tierra, sobre todo desde el punto de vista psicológico. Una curva más y se abre ante nosotros la espectacular panorámica de la provincia de Jaén. Cientos de montañas ante nuestra vista se extienden y se difuminan en un horizonte infinito, como una alfombra arrugada. La jornada estaba siendo espectacular en lo climatológico. El sol estaba en todo lo alto, pero una leve y fresca brisa nos había permitido subir sin sufrir demasiado el calor. Tras rodear ese precioso balcón hacia el norte nos quedaba la propina, esa que hundió psicológicamente a Jaime, que no recordaba bien. Tras el rellano quedaba una pequeña tachuela, dos curvas más, pegadas a la pared montañosa para alcanzar las antenas de la cumbre y dar paso al segundo balcón natural. 300 metros al 15%. El cambio de ritmo es brutal, de repente el asfalto se vuelve a pegar a las ruedas y las piernas se quedan rígidas. Hay que volver a sacar fuerzas de flaqueza y meter todo el desarrollo de nuevo. Hay que ver lo que se tarda en subir 300 metros.
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Pero, como todo esfuerzo tiene su recompensa, por fin alcanzamos la tercera cresta, esta vez es la definitiva y ya divisamos claramente la ciudad de Jaén, con su catedral y su castillo de Santa Catalina, como si fueran una maqueta de juguete allá al fondo. De repente cruzamos una verja y aparece ante nuestros ojos una bajada tremenda, superior al 10%, con sendos precipicios a los lados, como si fuera el puente levadizo de un castillo medieval, que son las instalaciones militares semiabandonadas que ocupan la meseta de la montaña, con un helipuerto y varias naves edificadas. Cruzamos la puerta del recinto y entramos en meta. El árbitro dicta el tiempo, 51 minutos (jo, como siempre, bueno, un poquitín mejor que el año pasado, no está mal), los moteros aplauden y yo estoy eufórico. Allí estaban buena parte de mis colegas, otros irían entrando a continuación...
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Tras un buen refrigerio tuvimos ocasión de charlar con un chaval de Valdepeñas, Joaquín Torres, de 15 años, que ha sido el primer ciclista en alcanzar la cumbre. Increíble. Parece que le gusta el ciclismo de verdad. Que tenga mucha suerte.
En el regreso a Frailes retomamos el espíritu cicloturista, volviendo a formar grupeta a cola de pelotón, entre animadas conversaciones con Isidro Nieto, Rafa Ruiz, Fuentes, Ismael, José Ramón, Remi, Cristóbal y tantos otros... Subimos el puerto de Locubín por su cara norte, que no presenta ninguna dificultad especial. En el puerto disfrutamos de un avituallamiento líquido, ya que el calor estaba apretando de verdad. En ese punto alcanzamos los 40 grados.
Desde el puerto de Locubín tomamos la carretera de montaña más bonita de la sierra. Son 16 kilómetros de disfrute total, siguiendo el curso del arroyo de Cabañeros entre las cumbres de Cornicabra y Rompezapatos, para terminar bordeando la Sierra de la Martina. Puro bosque mediterráneo. Pura belleza autóctona. Pura Sierra Sur. En primavera es cuando este valle cobra todo su esplendor, cuando el curso del arroyo sirve para evacuar las aguas del deshielo de las altas cumbres de alrededor. En esta época el arroyo está seco, pero sigue siendo un paisaje cautivador.
Cuando faltaban 200 metros para coronar la Martina, Ismael bajó un piñón y lanzó un demarraje sin mucha convicción. Instintivamente salté a rueda y aceleré con él hasta el puerto, dejándome llevar por la inercia para comenzar el descenso eufórico. En el puerto estaban Manuel Cabrera con otras dos "motos", Fuentes y Rafa Ramírez, que me vieron pasar como si fuera el banderazo de salida para una carrera sin cuartel, y se lanzaron a toda velocidad para adelantarme en pleno descenso (lo cual no tiene demasiado mérito, dicho sea de paso). Los villariegos, que bajaban tranquilos, se quedaron alucinados viendo cómo pasábamos como centellas. Me puse a cola de la grupeta. En el rellano a mitad de puerto el grupo engrosó al alcanzar a algunos ciclistas que iban sueltos, entre ellos Marchu. Aproveché la zona de falso llano y mi plato grande de carretera para demarrar por sorpresa por la izquierda de Marchu en la curva que marcaba el final de la zona llana. No hacía falta un gran esfuerzo para espolearlos. Rápidamente los montañeros, liderados por Rafa Ramírez con sus tacos gordos, se lanzaron como posesos detrás de un rodador como yo. Intentaba aprovechar mi potencia y los toboganes y falsos llanos para sacarles algo de distancia con mi desarrollo 50-11, y aun así me alcanzaron. Esto sí que tiene mérito. Rafa me adelantó en la última recta antes de entrar a Frailes, y ya en el parque nos echamos unas buenas risas comentando las jugadas. Uno de los descensos más divertidos de mi vida.
La comida final se servía también para los acompañantes y amigos. La entrega de premios culminó el evento y todos nos marchamos contentos. Fue una fiesta total del ciclismo, muy bien organizada por Adsur y el ayuntamiento de Frailes, que se portaron extraordinariamente con los ciclistas. El mejor Ascenso a la Pandera de todos los que he hecho, dominado por la amistad y el compañerismo, con una presencia de ciclistas de la comarca que no podía imaginarme ni en mis mejores sueños, no hace tanto tiempo.
Muchas gracias a todos los participantes, y a los organizadores que ponen todo de su parte para sacar a flote eventos como este.
Y muchas gracias a todos los ciclistas de la Sierra Sur, por ser como sois!!
Jose, ya de vuelta en Madrid, 13 de Julio de 2009.